viernes, 7 de octubre de 2011

Pilas de Historia

Por Nicole Baler

“¿Para qué sirve estar acá? ¿Sólo para horrorizarme por los 30 mil desaparecidos? Estos lugares no sirven si no es para pensar el presente y el futuro de un país que vivió este tipo de cosas. Y para entender que la dictadura militar no fue el único genocidio que tuvimos en el país. Porque genocidio es cualquier matanza por diferencias étnicas o ideológicas. Hoy están asesinando a los pueblos originarios en Chaco o en el Sur, eso es genocidio”. Maryline Joncquel no para de hablar durante la hora y media de entrevista. Y si no se la devuelve al tema central, en diez minutos está hablando de imperialismo, el Che y el gatillo fácil. Porque a ella, responsable de la Biblioteca Carlos Fuentalba en el ex Olimpo, le copa la política y la historia y, cada vez que abre la boca, derriba ese mito que dice que a los jóvenes de hoy les importan muy poco todos estos temas. 

Ese proyecto del que se hizo cargo en marzo, nació en 2006 en el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio Olimpo con la idea de rescatar los libros que estuvieron prohibidos durante la última dictadura cívico militar. “Después decidimos abrirnos a otros libros que hoy analizan lo que sucedió y otros anteriores que dan cuenta del contexto previo, porque muchas veces nos quedamos entre el `76 y el `83 y nunca vemos que hubo seis dictaduras antes, ni vemos lo que pasó después, el neoliberalismo, los piquetes y la represión. Queremos que en esta biblioteca se de un ámbito de reflexión para entender el pasado, pensar el presente y darle una continuidad”, cuenta Maryline, y explica que de ahí surge la idea de especializarse en derechos humanos, ciencias sociales y en la historia del movimiento obrero argentino “porque la dictadura vino a romper con esa organización que había en el país”.

La colección El retorno de lo prohibido ya cuenta con casi 500 títulos. En dos estanterías se apilan ejemplares que van desde Mario Vargas Llosa y Rodolfo Walsh hasta Horacio Verbitsky y Mario Benedetti. Y de a poco se suman más: en mayo, un vecino llevó una bolsa cerrada llena de hongos y con olor a humedad en la que estaba casi entera la colección de la revista Historia del Movimiento Obrero. Así, sin siquiera sospecharlo, este hombre ayudó a recuperar más de 100 ejemplares de una publicación prohibida. “Para nosotros es importante que se entienda que no solo se asesinaba, torturaba y secuestraba sino que el resto de la sociedad argentina también fue víctima de un lavado de cerebro impresionante, del que hoy seguimos viviendo las consecuencias”, asegura. Así quieren rescatar ese concepto poco difundido, pero ampliamente aprovechado por los militares en el poder, del control social a través de la cultura y la educación. 

En el ex Olimpo se dieron cuenta que en todos los espacios de memoria no había programas o talleres que apuntaran a los colegios primarios y decidieron aprovechar todo el material infantil que guardaban en esos estantes, con cuentos de Alvaro Yunque, Elsa Bornemann y Laura Devetach, para traducir la censura al lenguaje de los chicos. Esta chica de 22 años, que estudia Trabajo Social, descubrió en esa literatura infantil un material que le partió la cabeza. Es que el proyecto está para “ir recuperando de a poco toda la cultura contestataria, esa cultura subversiva en su sentido positivo, el de querer cambiar las cosas y subvertir el orden”. 

El gran desafío ahora es lograr un vínculo con los vecinos para que hagan propia esa sala de lectura amplia y luminosa, con mesas bajitas y muchos almohadones. Eso es lo que falta para convertir ese depósito de libros en una verdadera biblioteca: “La virtualidad quita un poco de las relaciones materiales que se dan con el otro y con el libro. Tener un objeto en la mano, y decir: ‘te lo comparto’, o encontrarnos en la sala de lectura para leer entre todos. Sentarse al lado de alguien, y recomponer ese lazo social que la dictadura quiso borrar. Mirarse y que el otro vea una sonrisa, no un ‘jaja’”.

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