jueves, 4 de agosto de 2011

“No me interesan las simplificaciones”

Entrevista a Elsa Drucaroff, autora de El último caso de Rodolfo Walsh.

Txt Gonzalo Sánchez Segovia @gonzalo_ss  

María Victoria Walsh, hija del escritor y periodista Rodolfo Walsh, murió en un enfrentamiento desigual contra fuerzas del Ejército el 29 de septiembre de 1976. Vicki, como le decían sus amigos, no fue asesinada: ella eligió pegarse un tiro cuando supo que el combate llegaba a su fin y las posibilidades de vencer eran nulas. Esos son los hechos, lo que pasó, y así lo cuenta Rodolfo Walsh en la Carta a mis amigos.

La escritora Elsa Drucaroff decidió “intervenir” la historia. “Llegué a la Carta a mis Amigos, donde relata la muerte de su hija, investigando los textos de Walsh para el seminario de literatura que dictaba en el Instituto del Profesorado Joaquín V. González. En ese momento tuve un flash creativo, me imaginé una historia policial emocionante”, cuenta.

La dificultad de la novela histórica es que el lector conoce el desenlace. Ahí entra el ingenio del escritor para sembrar la duda ¿y si el final fuese diferente? Cambiar la dirección de un acontecimiento para reescribir, por lo menos con la imaginación, lo que realmente sucedió. Drucaroff explica: “El desafío es el mismo que, por ejemplo, en la película Titanic, cómo conseguir suspenso cuando todo el mundo sabe lo que pasó, el barco se hunde al final. El caso de Vicki Walsh es conocido y se sabe cómo murió, pero en el momento Walsh no sabía qué pasó y yo quiero generar lo mismo en el lector”.

Así nació El último caso de Rodolfo Walsh, un thriller apasionante en el que Drucaroff viste al famoso periodista con traje de detective y también dibuja una postal de una época oscura y terrible. Evita caer en estereotipos, escapa de la simpleza de los buenos contra los malos y plantea una revisión de los hechos y los protagonistas de la historia.


-¿Cómo conoció a Rodolfo Walsh? ¿Cuándo lo leyó por primera vez?

-Lo único que había leído de Rodolfo Walsh antes de la vuelta a la democracia fue la Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar. Sabía quién era Walsh, pero no había leído nada más que eso. ¡Que impresionante! Me acabo de dar cuenta. En 1977 trabajaba en la editorial de la revista Crisis (que ya no salía como revista) y Horacio Achával, que era uno de los encargados de la editorial trajo una copia de la carta. Cómo la obtuvo no lo sé. Después en la democracia leí Operación Masacre, ¿Quién mató a Rosendo?, pero en el marco de mi propia formación en literatura argentina para dar clases en la facultad y en el profesorado. Leí sus cuentos policiales porque me fascinó, pero no fue una lectura espontánea al principio.

-¿Qué la llevó a elegirlo como protagonista de la novela?

-Mucha gente me pregunta cómo me atreví a hacer eso. Subrayan algo así como que es un personaje demasiado idealizado, venerado, y que es audaz ponerlo simplemente de protagonista. Pero la verdad que no pensé nada de eso, la ficción me llevó. Estaba muy compenetrada con la historia de Rodolfo Walsh y su literatura me gustaba mucho, pero lo que me llevó de verdad a ponerlo de protagonista fue ese flash que tuve de imaginarlo completamente solo, en la clandestinidad, escuchando en una radio la muerte de su hija. Trabajando la Carta a mis Amigos vi que había indicios de que había hecho una investigación. Entonces, me dije esto es un triste y terrible policial negro. Pero la verdad que fue más intuitivo que otra cosa, no es que pensé usar a Rodolfo Walsh.

-La novela está escrita en escenas. Son capítulos cortos que retratan un momento, una acción, un diálogo. Parece una película…

-Pensé esta novela como una sucesión de imágines, y trabajé las escenas con la lógica del cine. Cada vez que cambia el escenario es un corte. Algunas novelas me nacen desde el discurso y otras desde lo visual. Yo esto lo vi. Lo vi a Walsh tirado en un camastro, en una guarida con una radio de onda corta de esa época. Lo vi escuchando el noticiero de Radio Colonia, que era el noticiero uruguayo que daba noticias que acá no circulaban. Después de eso me empezó a desfilar la novela. Está escrita en tiempo presente, me planteé hacerla como una película. El narrador está por encina de todos, no hay focalización en lo que les pasa a los personajes, lo que sienten se nota por lo que dicen o por los gestos que hacen.

-El infierno prometido, Conspiración contra Güemes, La patria de las mujeres. Hasta ahora todas sus novelas son históricas ¿Qué le atrae del género?

-La novela histórica me da grandes ventajas. Me gusta muchísimo trabajar con mi imaginación pero dentro de entornos acotados por la historia. Me encanta organizar historias que yo sé que no ocurrieron pero que perfectamente podrían haberlo hecho. La idea es intervenir la historia con mi propia imaginación, como si fuese una intervención de artes plásticas. Por otra parte me importa mucho la política, pero no soy ni una política ni una investigadora en política, y creo que la novela histórica me permite la reflexión sociopolítica, pero desde un lugar artístico.

En una entrevista dijo que le gusta mucho construir personajes, ¿Qué personaje le dio más trabajo?

El que más trabajo me dio fue Oddone (un General a cargo de la operaciones contra la guerrilla), porque con los malos atroces se corre el riesgo de sólo juzgarlos, construir un malo malo malo con cuernitos y listo. Para que no te pase eso tenés que entrar en él y tenés que encontrar puntos de empatía y de simpatía con él, y es muy duro entrar en alguien que es una basura semejante. Además, es más fácil de encasillar, es el represor. Es el que manda a torturar, a matar, a desaparecer: es un hijo de puta.

¿Cómo hizo para generar empatía con él?

Elsa por Mordzinski
 (ver nota sobre el fotógrafo)
Tuve una idea que me parece que me permitió quererlo. Creo que un escritor tiene que querer a sus personajes. Me planteo la densidad psicológica y lo que me abrió la cabeza con Oddone fue darme cuenta de que tenía seis hijas, que no tenía ningún hijo varón, lo que para él era una tragedia. No tiene con quién jugar al fútbol, no tiene quién le mantenga el apellido. Ahí se me ocurrió el personaje de Manuel (un conscripto que trabaja en su oficina) como el posible hijo que nunca tuvo, el posible yerno de su mejor chica, y se me humanizó porque lo vi sufrir.

El personaje del Coronel König es interesante, un militar que, aunque piensa que los guerrilleros deberían ir presos, no está de acuerdo con los métodos utilizados por la dictadura.

Bueno, hubo militares así. El Coronel König está inspirado en un personaje de Walsh, que es el Coronel de Esa Mujer, que a la vez está inspirado en un personaje real histórico, Moori Koenig, que estuvo involucrado en el secuestro del cadáver de Evita. Mi König está más cerca del de Walsh que del histórico. Lo utilicé para rever una cantidad de ambigüedades que hay en el cuento de Walsh, que es extraordinario, y es para mí uno de los grandes cuentos de la literatura argentina. En el cuento el Coronel es un antagonista del protagonista pero hay una rara empatía entre los dos. Son dos hombres fascinados por una misma mujer. Hay puntas que permiten pensar que ahí podría haber habido, más allá de lo político, una mistad muy tensa. König quería vencer a la guerrilla pero desde la ley, y yo quise hacer un homenaje  a una cantidad de militares y gente de las fuerzas represivas que no estuvo de acuerdo con lo que hizo la dictadura, que existieron. No me interesan las simplificaciones.

En la novela hay diferencias dentro de los bandos. ¿Qué quiso remarcar con eso?

Escribí la primera versión de esta novela en los años noventa. Era un tiempo muy oscuro. Primero había pasado el indulto, que es una cosa enfermante. Y la teoría que existía fundamentalmente era la de los dos demonios, que suponía que el modo políticamente correcto de hablar de los desaparecidos era decir que eran inocentes. La única victima con la que te podías sentir solidario era la inocente, si habían participado de la lucha armada, no. En mi novela no quería hacer un balance de la lucha armada, no soy una experta en teoría política, ni en historia argentina, pero sí soy una escritora y creo que lo que quería era abrir la puerta para que se pudiera pensar ese problema con libertad.

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